|
MANIFIESTO “DUO A EL NIÑO”
(dos seres que hacen un espectáculo de Amor y Miedo)
Se prescindirá en la
realización de la cosa, de cualquier idea o indicio de idea preconcebida, nada a
lo que agarrarse, ningún báculo que nos permita acomodar de antemano cualquier
camino, por poco trillado que este camino nos pueda parecer durante una rápida
mirada inicial, mirada que por otro lado, o quizá por el mismo, nunca se
iniciará.
No tendrás miedo.
No tendrás vergüenza, versión camuflada del miedo (por tanto sustituible por
la número 2 si no fuera porque la vergüenza es una escisión del miedo que exige
cada vez más un lugar privilegiado dentro de la jerarquía de herramientas de
control de la mente al servicio del Gran Sapo).
Abrirás la puerta a desconocidos.
Si estás triste, abrazarás la tristeza, si sientes dolor, abrazarás ese dolor
hasta que deje de ser tuyo y pase a ser de nadie.
Si estás alegre, abrazarás la alegría y con toda probabilidad te dará mucho
gusto el abrazo, pues la alegría no está sometida a los devenires del gusto como
tampoco a los del disgusto.
Si no estás, que no te busquen fuera, pues estarás mucho menos.
Serás inmune a la crítica y al halago, pero los recibirás con calor humano.
Todo es verdad, incluso la mentira.
Nada es mentira, incluso la verdad.
La importancia no tiene la menor importancia.
Sea lo que sea, será. Así pues, deja que sea lo que sea.
No te has peleado con un payaso.
El silencio no está asociado a la tensión, no la conoce de nada, ni siquiera
es familia lejana, tan solo es un denodado empeño de la mente en asociar ambos
conceptos. Podemos decir con toda franqueza, que no sabemos nada de todo esto.
Dar explicaciones arruga las costillas flotantes.
Somos el público que ha subido al escenario sin saberlo, pero ¿cómo podemos
saberlo? Solo sabemos que no hace falta saberlo.
Todo lo que se ha dicho hasta aquí debe ser olvidado cuanto antes.

|

|